El alcalde, Leopoldo Afonso, reclama el compromiso de las instituciones y de la sociedad civil para impulsar un museo dedicado a uno de los hijos más universales del municipio

Puerto de la Cruz celebró un acto de homenaje a Agustín de Betancourt y Molina con una ofrenda floral ante el busto del ilustre ingeniero portuense, situado en la Plaza de la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia. La ceremonia sirvió para recordar la extraordinaria dimensión histórica, científica y técnica de una de las figuras más relevantes de la Ilustración europea.

El acto contó con la presencia del alcalde de Puerto de la Cruz, Leopoldo Afonso; el presidente de la Fundación Cultural Canaria de Ingeniería y Arquitectura Betancourt y Molina, Rufino García; la concejala de Cultura, Desiré Díaz; el historiador e ingeniero Isidoro Sánchez; miembros de la Corporación municipal; Elvira Cullen, representante de la familia de Agustín de Betancourt y Molina; Antonio Miguel Rodríguez Hernández, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Industriales de Santa Cruz de Tenerife; además de otros representantes institucionales y personas vinculadas al reconocimiento de la figura del ingeniero.

Nacido en Puerto de la Cruz en 1758, Agustín de Betancourt y Molina fue una de las grandes personalidades europeas de la ingeniería, la ciencia y la técnica de su tiempo. Su importancia radica en que contribuyó decisivamente a transformar la ingeniería en una profesión moderna, fundamentada en la formación científica, la planificación técnica y el servicio público. La Real Academia de Ingeniería lo reconoce como el fundador de la ingeniería moderna en España.

En España impulsó la creación de la Escuela de Caminos y Canales, formó a los primeros ingenieros especializados en obras públicas, participó en el desarrollo de la telegrafía óptica y promovió el Real Gabinete de Máquinas, concebido para conocer y difundir los avances tecnológicos de la Revolución Industrial. Su trayectoria permitió conectar a España con las innovaciones científicas y mecánicas que se estaban desarrollando en Francia e Inglaterra.

Su proyección fue también internacional. Tras formarse y trabajar en España, Francia e Inglaterra, Betancourt se estableció en Rusia, donde dirigió importantes proyectos de infraestructuras, edificios, puentes, canales y planificación urbana, además de participar en la organización de la enseñanza de la ingeniería. Sus actuaciones en San Petersburgo y Moscú contribuyeron de forma significativa a la modernización del Imperio ruso.

El alcalde de Puerto de la Cruz, Leopoldo Afonso, destacó que “Agustín de Betancourt no es solo una figura destacada de nuestra historia local, sino una personalidad universal que proyectó el nombre de Puerto de la Cruz en algunos de los grandes escenarios científicos y técnicos de Europa”.

Afonso subrayó que “su vida representa el valor del conocimiento, de la investigación, de la vocación de servicio público y de la capacidad de transformar la sociedad a través de la ciencia y la ingeniería”. En este sentido, añadió que “Puerto de la Cruz tiene el deber moral de cuidar, divulgar y honrar la memoria de uno de sus hijos más ilustres”.

El alcalde defendió además la necesidad de avanzar en el proyecto de un museo dedicado a Agustín de Betancourt en Puerto de la Cruz, concebido como un espacio de conocimiento, divulgación y reconocimiento histórico. “Necesitamos el compromiso de todas las instituciones, de la sociedad civil, del ámbito académico, de los colegios profesionales y de quienes reconocen la trascendencia de su legado para hacer realidad un museo que esté a la altura de su figura”, afirmó.

“Agustín de Betancourt merece un espacio propio en la ciudad que lo vio nacer, un lugar que permita a las nuevas generaciones descubrir quién fue, qué aportó a la ingeniería moderna y por qué su nombre sigue siendo una referencia internacional”, señaló Afonso.

Con esta ofrenda floral, Puerto de la Cruz reafirma su voluntad de mantener viva la memoria de Agustín de Betancourt y de seguir impulsando acciones que contribuyan a situar su legado en el lugar que le corresponde dentro de la historia científica, tecnológica y cultural de Canarias, España y Europa.