Lugares

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Museo Arqueológico
museoarqueologicodelpuertodelacruzEl inmueble donde se ubica data de los siglos XVIII y XIX, consta de dos pisos y da a las calles de El Lomo y San Felipe. En la fachada de ésta última presenta un balcón de cinco cuerpos, cerrado con ventanas de guillotina y cristaleras, recoge motivos decorativos de soles y rombos con pilastras rematadas en forma de jarrón. La entrada principal al inmueble es a través del traspatio al que se accede por la calle El Lomo.

Los orígenes del museo datan del año 1953 a través de la iniciativa del Instituto de Estudios Hispánicos para ubicarse a partir de 1991 en el inmueble actual una vez fue restaurado. Sus fondos incluyen una colección muy interesante de cerámica aborigen, restos momificados guanches, cartografía del siglo XVII, etc., que proceden tanto del citado Instituto como de donaciones particulares. En su exposición permanente, “La Cerámica Guanche”, se propone un recorrido fascinante a través del cual se recrean aspectos de la vida cotidiana, de la magia y de la muerte en el pueblo guanche.

Dirección: C/. El Lomo, 9 A
Teléfonos: 922 371 465 / 922 383 016
Horarios:
De martes a sábados de 10 a 13 h. y de 17 a 21 h.
Domingos de 10 a 13 h.
Lunes cerrado.
Página web:
www.arqueopc.museum
Correo electrónico: mailto:direccion@arqueopc.museum

Los Hornos de Cal
Puerto3Los Hornos de Cal de la zona de Las Cabezas, declarados monumento histórico artístico por el Gobierno español en 1993, bien podrían resumir el recuerdo de la etapa previa al boom turístico de la ciudad. Construidos a finales del siglo XIX o principios del XX, se asientan en el lugar en el que se emplazaban otros hornos antiguos, donde se quemaba con leña de brezo. La construcción se realizó con la llamada “piedra molinera”, extraída en una cantera situada en la zona próxima a la entrada del Hotel Taoro, utilizándose también otros materiales como el ladrillo y el barro.

Popularmente conocidos como los Hornos de D. Luis o de los González, utilizaban como combustible el carbón inglés, que era transportado desde Gran Canaria y que llegaba en veleros hasta el muelle portuense. También se importaba desde Fuerteventura la piedra de cal que, una vez cocida, se transformaba en dos productos: la cal de albeo utilizada para enjalbegar las paredes, la llamada cal común y el yeso, muy demandado para el revestimiento. Para la realización de todas estas tareas se empleaban a catorce hombres que trabajaban desde el amanecer hasta que caía la noche, llegándose a producir en una sola hornada hasta 3.600 kilos de cal.

El conjunto reúne dos hornos grandes de forma troncopiramidal de base cuadrada, un horno central provisto de cúpula y un horno para el yeso más pequeño. Junto a estas construcciones también se encuentran dependencias auxiliares, como las tanquillas, el cuarto del carbón, la casa del yeso o el cuarto de la calera, donde se conservaba la cal cocida para ser vendida al público.

La actividad de los Hornos se extiende hasta 1940, al caer progresivamente el uso de la cal en la construcción, debido a la competencia de otros productos sustitutivos como el cemento y las pinturas plásticas.

El Conjunto de los Hornos de Cal de las Cabezas se mantiene hoy restaurado, como un excelente ejemplo de la historia popular de otro tiempo, donde las casas tradicionales portuenses mostraban el vivo color blanco procedente de la cal tratada a fuego en esta industria local. La historia local escrita con palabras de piedra como símbolo y recuerdo de una época pasada que contrasta con los tiempos actuales.
Dirección: C/ Las Cabezas, nº 5d.

Castillo de San Felipe
Junto con las baterías de Santa Bárbara y San Carlos, el Castillo de San Felipe (también llamado de Puerto Viejo) es una de las fortificaciones que se concibieron en el pasado para la defensa de la ciudad de los ataques de piratas y corsarios.

El proyecto fue del ingeniero Próspero Cassola en 1634, siendo construido por Antonio Gallegos, donde se encontraban dos plataformas dotadas con pequeños cañones. Desempeñó las funciones para las que fue construido hasta 1878, año en el que fue desartillado.

De planta pentagonal, sigue un depurado estilo colonial de dos alturas rodeado, en su época, por un foso y con un puente levadizo como único punto de acceso que, actualmente, se ha sustituido por una pasarela fija. Con el paso de los años, la fortificación se fue deteriorando y ya en el siglo XIX fue reformado, adoptando la estructura arquitectónica con la que ha llegado a nuestros días, conservando en las inmediaciones el polvorín y la plaza de armas.

A lo largo de su dilatada historia, este edificio ha servido no sólo de defensa de nuestras costas sino de enfermería, lazareto, depósito, ciudadela, sociedad de tiro y restaurante.

El Castillo de San Felipe fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1949 y su estado actual se debe a la restauración realizada por el Ayuntamiento con la intención de darle una proyección cultural iniciada a finales de 1993. En la actualidad, el Castillo San Felipe, presenta un excelente estado de conservación, albergando en su interior un espacio cultural, donde se celebran recitales poéticos, conciertos de música clásica, exposiciones, cuentacuentos y todo tipo de eventos por lo que se ha convertido en uno de los ejes culturales del municipio.
Dirección: Paseo Luis Lavaggi, 12 Teléfono: 922 373 039.
Fax: 922 372 400
Horario: de martes a sábado de 11 a 13 h. y de 17 a 20 h.

Peñón del Fraile
penon-del-fraileEs, sin lugar a dudas, un elemento simbólico que identifica a la ciudad, a modo de icono, siendo para los portuenses un lugar especial y entrañable desde donde se divisa una amplia panorámica de la costa. La historia nos recuerda que los religiosos solían recorrer la calle San Felipe hasta los modestos y solitarios llanos del mismo nombre, donde se levanta el Peñón llamado “del Fraile”, en recuerdo de Juan de Jesús (+1687), quien deseando tanto un lugar solitario para recogerse en oración, eligió esta elevada peña, formando una cruz con dos troncos secos de verode, narrándose, por las gentes de la época, que a la mañana siguiente apareció el peñón florecido. También cuenta la leyenda que bajo ella, en alguna grieta perdida, se esconde el tesoro del pirata Caraperro.

En 1814 fue sometido a una gran reforma por el genovés don Luis Lavaggi, escribiente de la Casa de Cólogan, construyendo una escalinata terminada en una pequeña terraza circular que rodea el crucero con que remató la obra, conservándose en esa estructura hasta la actualidad. En las Fiestas de Mayo se celebraban en su entorno carreras de sortijas y bailes, cerrándose el templete con telas para darle la apariencia de capilla.

Ladera de Martiánez
En la terminación de la playa de Martiánez se eleva, con especial belleza, el acantilado del mismo nombre, donde hasta principios del siglo XX existía un naciente o fuente que se utilizaba para el abasto público. Olivia Stone en el siglo XIX señala que se dice que es la más pura y la mejor de toda la isla y que los balleneros prefieren aprovisionarse de esta agua porque dicen que se conserva mejor que cualquier otra. Otras muchas referencias hablan de las propiedades medicinales que muchos les atribuyeron, y que han quedado reflejadas en cuadernos de viaje de naturalistas europeos.

En la ladera de Martiánez, los aborígenes guanches nos dejaron una necrópolis, que sufrió expoliaciones por antropólogos extranjeros, que se llevaron gran número de momias y restos óseos a lo largo de los siglos XVIII y XIX. Los antiguos pobladores utilizaban hasta seis grandes cuevas, de las que sólo dos disponían de fácil acceso, una de las cuales era utilizada como refugio de ganado cabrío.

En la parte superior de la ladera se encuentra la zona de San Amaro y La Paz, desde donde se dispone de una vista espectacular de toda la zona costera del municipio. Viajeros como Jules Leclercq, en el siglo XIX, la describe señalando: Cuando llegué al borde del mirador, no pude reprimir una exclamación de asombro. Me encontraba literalmente suspendido sobre el Atlántico, (…). Esta vista es de un efecto cautivador. Las olas, de un azul ultramar, se estrellaban a mis pies contra negras murallas de basalto en las que vegeta la euforbia (Euphorbia canariensis). Un cuadro de tan infinita belleza escapa a toda descripción: sólo es posible contemplarlo con religiosa atención, confiándolo a la memoria para no perder uno solo de sus detalles.

Casa Palacio Ventoso y Torreón
Es, sin lugar a dudas, una edificación de enorme importancia dentro de la arquitectura tradicional canaria, no sólo desde el punto de vista artístico, ya que es la única de su naturaleza que se conserva en el archipiélago, sino porque nos recuerda el importante pasado comercial que tuvo la ciudad.

Construida a principios del siglo XVIII como vivienda particular se convierte, alrededor de 1750 en sede del negocio de importación y exportación de la Casa Blanco. Entre 1836 y 1867 se establecerá en sus dependencias el Consulado de Bremen, siendo la época de mayor relevancia y esplendor debido a las relaciones que se desarrollan con el exterior. En el siglo XX, tendrá usos tan variados como los de Casas Consistoriales, Casa Cuartel y Colegio de enseñanza privada perteneciente a la congregación Agustina.

El inmueble es de tres plantas y da paso a un patio interior que presenta una estructura diagonal en el extremo izquierdo, desde donde parte una escalera adornada con lacería, y desemboca en una amplia galería cerrada con cristaleras.

En el patio trasero se encuentra el gran torreón, edificado probablemente sobre 1750 y restaurado hace pocos años y que presenta una planta cuadrada con una estructura de sótano, cinco pisos y azotea. Catalogado como “Bien de Interés Cultural” en 1988, conjuga en su edificación piedra y madera, dando lugar a una de las soluciones más esbeltas de la arquitectura isleña, siendo el único de sus características que se conserva en Canarias.

El Penitente
De esta forma se conoce al que fuera en el pasado un desembarcadero construido al ser insuficiente el muelle portuense para dar salida a la exportación de plátanos. Se inició su construcción en 1911 aunque la obra sufrió varios retrasos debido a la falta de recursos económicos, a los temporales de invierno que destruían gran parte de la obra realizada y al estallido de la Primera Guerra Mundial. La obra inicial se concluyó en 1917, si bien la obra definitiva se terminó en 1930.

Tras la guerra civil española perdió el escaso papel que desempeñó desde su terminación a causa principalmente de la construcción del puerto de Santa Cruz. El nombre de este embarcadero se debe a que, según referencias populares, hubo un pirata enamorado de una doncella a cuya relación se oponía la familia de ésta última y que se citaba con ella en el embarcadero yendo cubierto con una túnica lo que debido a la proximidad del convento dominico generaba que se le confundiera con un fraile en penitencia.

A este pequeño muelle llegaban semanalmente visitantes ingleses en los primeros balbuceos de la proyección turística que se materializaría en el siglo XX.
Situado en la zona adyacente a la Plaza de Europa y Ayuntamiento hoy en día es utilizado como mirador hacia la zona costera de Martiánez al tiempo que es frecuentado por los aficionados a la pesca.

Complejo Costa Martiánez
lagonochePuede decirse sin temor a equivocarse que el Complejo Turístico Municipal Costa Martiánez es uno de los más admirados ejemplos de transformación positiva de un litoral. Abarca una superficie total aproximada de unos 50.000 m2 y es desde su creación un referente estético y técnico de integración cultural y paisajística en el sector del ocio. Muchos otros municipios canarios siguieron la estela y el ideario marcado por el universal artista lanzaroteño César Manrique en cuanto al respeto medioambiental y la incorporación de valores y elementos propios de nuestro paisaje.

La primera etapa del proyecto se realiza en la zona de las piscinas municipales posteriormente conocidas como Los Alisios. Los ingenieros Juan Alfredo Amigó y José Luís Olcina dirigieron el apartado técnico mientras que la proyección creativa y artística la materializa César Manrique que buscará adaptar la obra al espíritu de la arquitectura tradicional canaria, incorporando elementos vegetales de la flora autóctona junto a originales e innovadoras esculturas. Un ejemplo de esto último es el móvil conocido por “Los Alisios” y “La Jibia” (calamar) que al margen de su valor artístico supone un elemento de especial atractivo en el juego de los niños en la zona de la piscina infantil.

Las piscinas se inauguran en 1971 ocupando 8.000 m2 e integrando dos piscinas para adultos y una para niños, los bares “Los Alisios” y “La Isla”, junto a otras dependencias e instalaciones técnico-mecánicas para el llenado de las piscinas con agua del mar, que se hallan perfectamente disimuladas con el carácter artístico de la obra.

Tras el éxito de la primera fase el Ayuntamiento de Puerto de la Cruz decide abordar otra etapa incluso más ambiciosa manteniendo al mismo equipo técnico y artístico, iniciándose las obras en 1975 e inaugurándose el 30 de abril de 1977.

El proyecto consiste en la creación de un lago artificial de agua de mar a modo de una inmensa esmeralda verde rodeado de solarios, playas y jardines. El lago artificial con sus islas interiores ocupa una superficie de 33.000 m² (íntegramente ganados al mar), de los cuales 15.000 corresponden a la superficie líquida.

En el interior del lago se formaron cinco islas naturales, en la mayor de las cuales se construyó un complejo turístico que ocupa 2.000 m2 que supone todo un referente en ingeniería, al tener una estructura cimentada bajo el nivel del mar, que fue completada y ambientada artísticamente por Cesar Manrique. En dicha Isla Central se concibió en un principio una sala de fiestas subterránea, que hoy alberga el Casino de juegos de la ciudad que hasta ahora se ubica en el tradicional Hotel Taoro. El resto de la isla central incluye un restaurante de lujo, un grill y otras instalaciones complementarias.

Otros aspectos destacables de la zona del Lago Martiánez es la escultura móvil de la entrada así como la titulada “Homenaje al Mar”, una obra impresionante de veinticinco metros de largo y ocho de alto ubicada en el interior de la piscina infantil que recuerda con sus formas las olas del mar. A todo ello se une una variada gama de bares, restaurantes y quioscos que convierte al complejo en uno de los centros de ocio más visitados de la isla.

Es de reseñar igualmente que en todo el conjunto, proyectado con gran intuición artística, se ha conseguido una ambientación armónica y agradable por medio de pequeños y acogedores rincones con acertados detalles ornamentales, entre los cuales pueden citarse las plantas autóctonas.

Declarado Bien de Interés Cultural, el Complejo Martiánez se ha convertido por derecho propio en una de las señas de identidad más destacadas de la vocación turística del Puerto de la Cruz. Hace escasas fechas buena parte de sus instalaciones fueron remozadas y mejoradas, aunque manteniendo todo el espíritu y los detalles que ideó César Manrique.

Sus atractivos, las excelentes condiciones sanitarias, su entorno y el clima que lo acompaña hacen que cada año lo visiten cientos de miles de visitantes que muestran su satisfacción por esos momentos especiales de esparcimiento vividos en este entorno diferente.

Dirección: Avda. Colón s/n.
Teléfono: 922 385 955.
Horarios: inviernos de 10 a 18 h. y veranos de 10 a 19 h.
Tarifas Lago Martiánez

Loro Parque
loroparqueEl Loro Parque es sin lugar a dudas uno de los principales atractivos turísticos no sólo del Puerto de la Cruz sino de Tenerife. El espíritu y la vocación que aglutina su actividad es la de un parque tropical que combina con éxito conservación, educación, ocio y diversión.

Inaugurado en 1972 es, hoy en día, un referente mundial en múltiples ámbitos vinculados con la naturaleza. Destacamos primeramente la especial atención a los loros que dio nombre en sus inicios al parque, ámbito en el que destaca por contener la mayor colección del mundo albergando unas 300 especies. En esta línea se desarrollan programas de conservación y crianza a través de la Fundación Loro Parque al ser especies con alto riesgo de desaparecer. Los loros alegran la mirada de los visitantes a través de los espectáculos de habilidad incluidos en el “Loro Show”.

Otros protagonistas destacados son los pingüinos en las instalaciones del “Planet-penguin” (Planeta de los Pingüinos) donde se recrea un ecosistema antártico y se les ofrece un hogar que imita en cada detalle el hábitat natural de estas aves.

Otras atracciones impresionantes son el Delfinario, considerado el más grande de Europa y donde se puede contemplar las inteligentes actuaciones de estos cetáceos; el show de los leones marinos y el Acuario que alberga un túnel subacuático de casi 20 metros de longitud donde los visitantes pueden ver a los tiburones nadando a escasos centímetros.

Av Loro Parque, s/n 38400, Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife
Teléfono 922 37 38 41

www.loroparque.com

plazacharcoPlaza del Charco
Dicen algunos que haber venido al Puerto de la Cruz y no conocer la Plaza del Charco es tanto como no haber estado. La atmósfera que se vive en este punto central de la ciudad es el de un espacio abierto, relajado a la vez que cargado del dinamismo de los que transitan desde un lado a otro del casco urbano. Los portuenses gustan de pisar su recinto cada vez que tienen oportunidad y es allí donde se siente un especial bullicio tranquilo que seduce a turistas y vecinos. La Plaza del Charco nos cubre de una luz especial bajo el paraguas de los laureles de Indias que un día de 1852 fueron traídos de Cuba. Tampoco ha cambiado en siglos el valor de ser el punto de encuentro de sus gentes, verbalizado con esa frase tantas veces repetida a lo largo de generaciones de… “nos vemos en la Plaza del Charco”. Un espacio urbano que ha sido excepcional testigo de la historia del Puerto de la Cruz y de sus gentes.

Pero si miramos al pasado, y al recuerdo, hay que señalar que ha tenido diversas denominaciones: desde la inicial de “Plaza del Charco de los Camarones” pasando por Plaza de la Constitución, Plaza Real y Plaza del Generalísimo Franco hasta nuevamente llegar al de Plaza del Charco, nombre que en cualquier caso siempre mantuvieron los portuenses. Y es que -según el investigador Antonio Galindo- el nombre procede de principios del siglo XVII, debido a que en la zona se formaban varios charcos que se alimentaban de agua salada al estar comunicados por el subsuelo con el mar. Al parecer los charcos se cercaban con piedras para criar peces y camarones unido a que, cuando el mar se encrespaba en la zona aledaña de lo que hoy es el muelle pesquero, las aguas se adentraban hasta la plaza alimentando los mencionados charcos.

Pero su auténtica proyección como Plaza surge de la necesidad de un centro comercial, portuario y social ante el incremento de edificaciones que se produce en el siglo XVIII. Un poco más tarde, en la tercera década del siglo XIX, se realiza la primera iniciativa de acondicionar el lugar y es en 1880 cuando se construye la pila central que acoge la ñamera. Las reformas que dan lugar a su imagen actual se terminan en 1993 manteniéndose el siempre entrañable Bar Dinámico, en otro tiempo espacio de tertulias de las gentes de la ciudad.

En esta plaza confluyen todos los caminos de la ciudad, todas las ideas, todas las culturas y todos los sentimientos dando sentido al carácter cosmopolita de la ciudad. Si usted pisa sus caminos seguro que irremediablemente quedará seducido por unos encantos que no pueden describirse con la palabra sino con las sensaciones vividas en este privilegiado lugar de la ciudad.

Muelle Pesquero/Deportivo
La placidez del actual muelle pesquero probablemente no permita vislumbrar el dinamismo y la importancia que tuvo en el pasado no sólo para la ciudad sino para la vida económica de toda la isla. Y es que el origen y desarrollo de Puerto de la Cruz ha estado vinculado de forma casi exclusiva hasta bien entrado el siglo XIX a la actividad portuaria que según muchos historiadores es incluso anterior al nacimiento de la ciudad.

El surgimiento de instalaciones portuarias es el resultado de la necesidad de encontrar una salida al mar en la comercialización de los productos agrícolas de La Orotava. El Cabildo de Tenerife acuerda su construcción en 1506, si bien el primer atisbo de puerto no se ubica en el emplazamiento actual, sino en la desembocadura del Barranco de San Felipe (en la zona actual de Playa Jardín), denominándosele más tarde como el “Puerto Viejo”. Desprovisto prácticamente de las mínimas infraestructuras portuarias se utilizaba para exportar azúcar, cereales y pez, al tiempo que se desembarcaban todo tipo de géneros y manufacturas. Este inicial auge supuso que el 80% de todas las exportaciones del archipiélago se hicieran a través del Puerto Viejo lo que motivó que Felipe IV le otorgara al Puerto de Orotava la distinción de “Llave de la Isla”. Pero las deficientes condiciones del emplazamiento del Puerto Viejo propicia que se busque una nueva ubicación y de esta iniciativa surge el llamado “Puerto Nuevo” (actual muelle pesquero), hecho que marcará de forma muy significativa la evolución de la trama urbana de la ciudad.

Jardín Botánico
jardin-botanico-puerto-de-la-cruzEs uno de los atractivos que históricamente ha mantenido la ciudad desde la época de los viajeros europeos hasta la etapa turística actual. Denominado en el momento de su creación como “Jardín de Aclimatación de la Orotava” se propicia a través de una Real Orden de Carlos III de 1788, con la intención de cultivar especies procedentes de los trópicos en un lugar del territorio español con la climatología apropiada. Los historiadores reseñan que Don Alonso de Nava y Grimón, VI Marqués de Villanueva del Prado, recibió el encargo real de establecer en Tenerife y en los terrenos adecuados unos plantíos para sembrar semillas y plantas procedentes de los continentes americanos y africanos. La primera remesa de semillas exóticas que llegaron se sembraron en Santa Úrsula, La Laguna, La Orotava y su puerto. Finalmente se decidieron por las buenas condiciones climáticas que presentaba el lugar situado entre la villa de La Orotava y su puerto, instalándose en la zona de El Durazno. En 1790 se redacta el proyecto iniciándose las obras y en 1792 comienzan las plantaciones.

Ya que el Estado no invierte mayor cantidad de dinero para su fundación y sostenimiento que la presupuestada inicialmente, todos los gastos corren a cuenta del Marqués de Villanueva del Prado hasta que fallece en 1832. En su recuerdo existe en el interior del Jardín un monumento en bronce, obra del escultor Cejas Zaldívar. A partir de 1832, año en que muere Alonso de Nava, su fundador y primer director, el Jardín depende de varios organismos hasta que en 1983 se transfiere a la Comunidad Autónoma de Canarias, donde figura como Sección adscrita al Centro de Investigación y Tecnología Agrarias de la Conserjería de Agricultura y Alimentación.
Cabe destacar, el gran interés botánico de las más de 4.000 especies vegetales que alberga en su interior entre las que se encuentran importantes colecciones de plantas tropicales y subtropicales de gran valor económico y ornamental, siendo especialmente reseñable la gran variedad de palmeras, bromeliáceas, aráceas y moráceas. Existen árboles de notable belleza e interés por sus grandes dimensiones, antigüedad, rareza o procedencia de lugares remotos.

EI Jardín, como institución científica, realiza intercambios de germoplasma a nivel internacional, manteniendo un Herbario dedicado especialmente a la flora canaria con más de 30.000 pliegos, y desarrollando varios programas de investigación sobre flora y vegetación de Canarias así como de conservación de endemismos.
En las últimas décadas las instalaciones del Jardín Botánico han sido remodeladas y modernizadas, previéndose que en el futuro el recinto, que actualmente ocupa 20.000 m2, se vea ampliado con una superficie contigua de 40.000 m2 y así poder dar una más amplia proyección al Jardín Botánico del Puerto de la Cruz que cada año es visitado por miles de turistas y estudiosos de todo el planeta.

Dirección: C/ Retama S/N – Urbanización La Paz.
Teléfono: 922 38 35 72

Parque Taoro
parque-taoro 3134601Probablemente este sea uno de los lugares más especiales de la ciudad por su placidez, entorno natural y situación. Muchas veces periodistas y escritores se han referido a esta zona asemejándola a un balcón sobre la ciudad que aparece a sus pies. Con una extensión de casi 100.000 m2 supone el gran pulmón verde de Puerto de la Cruz que, en tiempos históricos, fue lugar de residencia de la colonia británica que llegaba a la ciudad atraída por su clima, paisaje y carácter abierto de sus habitantes.

El Parque del Taoro se encuentra dividido en tres sectores: la Atalaya, los Jardines del Casino y el Camino de la Sortija. Los Jardines de la Atalaya crean un entorno idílico para pasear, ya que las fuentes luminosas, cascadas y lagos se han dispuesto en medio de paseos de palmeras y plantas subtropicales, que los convierten en unos senderos peatonales muy agradables, con miradores, puentes, terrazas, un parque infantil y una serie de murales de cerámica alusivos a temas canarios. En la terraza superior de este jardín, y rodeado de un extenso palmeral, podemos disfrutar del mirador conocido como Mirador Dulce María Loynaz, poetisa cubana nombrada hija adoptiva del Puerto de la Cruz, ciudad de la que escribió: “Los días en el Puerto vuelan como hojas de almanaque al viento del mar”.

El elemento más emblemático de todo el Parque es el que en otro tiempo fuera Hotel Taoro, que ha sido hasta hace poco sede del Casino de la ciudad si bien pronto volverá a recuperar su primigenio uso. Una edificación que desde su inauguración en 1890 es todo un símbolo de la tradición turística del Puerto de la Cruz, y que fue concebida por el arquitecto francés Adolph Coquet. Al margen de los valores arquitectónicos e históricos del edificio, merece la pena destacar sus jardines que se comenzaron en1889, y donde se aprovecha la planta del edificio en forma de “U” para proyectar en su patio interior un jardín de tipo francés, mientras que en los alrededores del Hotel se crea otro de estilo inglés.

El tercer sector del Camino de la Sortija es un lugar de especial recuerdo por cuanto que en la zona se celebraban diversos festejos y concursos a caballo que eran toda una atracción para turistas y vecinos. Otros espacios de interés son la Iglesia Anglicana de estilo neogótico y el Centro de Congresos con capacidad para albergar a más de 1.000 personas.

Sobre el Conjunto del Parque del Taoro en la actualidad se acometen diversas obras de rehabilitación paisajística que pretenden recuperar sus cualidades como entorno natural y el espíritu original de otro tiempo, para en una segunda fase abordar la recuperación del uso hotelero.

El Parque de Taoro pues seguirá siendo ese entorno especial para todos aquellos que gustan del paseo tranquilo, el contacto con la naturaleza, la práctica del deporte, la asistencia a actos culturales o sencillamente la lectura de un libro en sus múltiples rincones de especial belleza. Un lugar lleno de aromas que seduce tus sentidos y te enamora para siempre.